Waldir, de São Domingos al sueño de cuidar a los suyos

Waldir Alberto Jandi nació el 12 de septiembre de 2001 en São Domingos, en la región de Cacheu, al norte de Guinea-Bissau. Hijo de dos maestros, creció rodeado de cariño pero también de las dificultades de quien, como él mismo cuenta, «pertenece a una familia pobre, con un salario que no llegaba para muchas cosas».

Su primera gran prueba llegó pronto: para poder seguir estudiando tuvo que dejar el interior, donde nació, y trasladarse a casa de sus abuelos en la ciudad. La vida urbana era otra, y los gastos —transporte, fotocopias, materiales— amenazaban con frenar su formación.

Ahí entró Kasumai. Gracias al programa de apadrinamiento de la Escuela Primaria “El Palmeral d’Elx”  y al apoyo de quienes confían en la educación como herramienta de cambio, Waldir pudo cubrir esos gastos y centrarse en lo importante: estudiar. «Esta beca significó una gran oportunidad para mí y para mi familia, porque alivió las dificultades que podrían haberme impedido llegar hasta aquí», recuerda.

Y llegó. Waldir se ha formado como enfermero en la Universidad Lusófona de Bissau. Pero detrás del título hay una vocación que viene de lejos: «Desde mi infancia sentí la vocación de ser enfermero, porque siempre quise ayudar a las personas de mi comunidad». Esa vocación le ha llevado incluso a elegir un camino con nombre y apellidos: durante sus prácticas en el interior del país vio cuántas mujeres carecían de información para cuidar de su salud, y dedicó su trabajo final al papel del enfermero en la consulta prenatal de alto riesgo, con un objetivo claro: contribuir a reducir la mortalidad materno-infantil en Guinea-Bissau.

Su sueño no acaba aquí. Quiere especializarse en salud pública y en salud de la mujer. Y quiere devolver lo recibido de dos maneras: «Primero, apadrinando a una niña, como hicieron mis padres conmigo. Y segundo, trabajando con mis conocimientos al servicio de mi comunidad».

«Mi objetivo es ser un profesional que ayude a transformar la realidad en la que vivo», dice. Y eso, precisamente, es lo que hace que historias como la suya merezcan contarse.

Gracias a todos los que han hecho posible la formación de Waldir. Esto es lo que se consigue cuando se confía en un joven: no cambia una sola vida, cambia el futuro de toda una comunidad.

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